Por qué el tiempo pasa más deprisa a medida que nos hacemos mayores

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¡Buenos días, excursionistas! Ya es 2 de febrero. Otra vez el día de la marmota. Si parece que el del año pasado fue ayer. O antes de ayer, no exageremos.
A medida que crecemos, nos da la impresión de que el tiempo transcurre más deprisa. Y, precisamente, el día de la marmota o, mejor dicho, los días de la marmota tienen mucho que ver con esto.
No olvidemos que Atrapado en el tiempo se estrenó hace 22 años. Ya llevamos más de 20 años comentando que hoy es el día en que la marmota Phil sale de su escondrijo a comprobar si ve su propia sombra o no (como no se la ha visto, Phil predice para este año que la primavera está a la vuelta de la esquina). El día de la marmota se ha convertido en un día de la marmota más.
En un artículo sobre esta sensación que nos aterra porque sentimos cómo la vida se nos escapa de las manos y nos acercamos a la muerte -es posible que me esté poniendo INTENSO-, Scientific American cita al psicólogo William James, que recuerda que a medida que nos hacemos mayores pasamos por menos nuevas experiencias, por menos primeras veces. Ya no hay “primer día de colegio”, “primer amor” o "primeras vacaciones con amigos". Ahora es otro día en la oficina, otra mañana en el centro comercial y una tercera demanda de divorcio.
De hecho, otro estudio sugiere que en realidad no hay tanta diferencia por edades en la percepción del tiempo, excepto cuando se pregunta: ¿cómo de rápido ha transcurrido la última década? La gente de 50 tiene la sensación de que ha pasado más deprisa que los más jóvenes. Según este estudio, también ocurre que al recordar nuestra vida, tenemos la sensación de que nuestros primeros años pasaron más lentamente que los posteriores, aunque mientras los vivimos no sentiríamos esta diferencia.
Vamos a morir todos
Otro factor que influye en esta percepción es que recordamos los eventos memorables como más recientes de lo que en realidad fueron. Nos sorprende que el Unplugged de Nirvana tenga más de 20 años porque nos grabamos el vídeo del concierto en una cinta vhs que vimos decenas de veces y somos capaces casi de recordar el orden de las canciones. Se trata de un recuerdo que tenemos más nítido en la memoria que otros que ocurrieron más tarde, por lo que nos parece que es más reciente. Normal que haya Tumblrs como el de Hematocrítico que recogen efemérides como esta y que nos recuerdan que Vamos a morir todos.
Di “ya” cuando creas que ha pasado un minuto
Scientific American añade que con la edad nuestro reloj biológico frena su ritmo, por lo que el tiempo exterior parece ir más deprisa. Cuanto mayores somos, más nos cuesta calcular cuándo ha pasado un minuto sin mirar un reloj: tendemos a creer que tarda más en transcurrir.
También prestamos menos atención a las fechas a medida que crecemos. No nos centramos tanto en esperar nuestro cumpleaños o las vacaciones, sino que estamos más pendientes del día a día. Del mismo modo, el estrés y la sensación de que no nos da tiempo a acabarlo todo contribuyen a que nos dé la impresión de que el tiempo pasa más deprisa.



La vida es corta (o al menos eso parece)

Otro factor importante es la relación entre el tiempo pasado y la edad, como recoge también Scientific American citando un estudio de la Universidad de Hokaido (Japón). Para un niño de cinco años, doce meses es un 20% de toda su vida, mientras que para alguien de 40, un año es un 2,5%.
Por poner un ejemplo del Washington Post: esperar 24 días para abrir los regalos de Navidad con cinco años es proporcionalmente lo mismo que esperar un año cuando tienes 54. Este ejemplo está sacado de una presentación interactiva del diseñador austriaco Maximilian Kiener que ilustra muy bien esta idea a golpe de ratón. “Como muchas cosas, esto requiere algo de paciencia. Pero al final habrás terminado antes de lo que pensabas o querías”, escribe Kiener en esta web aclaratoria y un poco triste al mismo tiempo.
Según esta idea, expuesta por primera vez por el filósofo Paul Janet en 1897, “si llegas a los 100 años, la mitad de lo que percibes que es tu vida habrá terminado a los 7 años”. Aunque si tenemos en cuenta “que no recordamos mucho de lo que ocurre en los primeros tres años”, entonces sería más bien a los 18. Pero, vaya, técnicamente es posible pasar la crisis de los 40 a los 7.

 

“La vida es corta -escribe Kiener-. ¡Haz cosas ahora!”.


Eso, haz cosas (bueno, a ver, si te apetece)
Una forma de evitar que el tiempo se nos vaya en un suspiro (ay) es precisamente evitar los días de la marmota: las nuevas experiencias nos llevan a crear nuevos recuerdos. No es lo mismo recordar que de lunes a viernes simplemente trabajamos y cada día hicimos, más o menos, lo mismo, que poder asociar experiencias concretas a esos días.
Medimos el tiempo teniendo en cuenta los eventos memorables y si tenemos vidas rutinarias, no habrá muchos de estos momentos. A esto hay que añadir que estas rutinas no suelen ser especialmente agradables. Por desgracia, no nos pasamos el día tumbados, leyendo y escuchando música, sino en la oficina intentando pagar el alquiler.
También hay que tener en cuenta que, aunque merece la pena intentar experiencias nuevas y aprender cada días más cosas (por supuesto), por lo general, el tiempo pasa más deprisa cuando nos lo pasamos bien. Como recoge en BBC Future Claudia Hammond, autora de Time Warped, sentimos que el tiempo pasa especialmente despacio cuando tenemos una fiebre muy alta, cuando nos sentimos rechazados y cuando pasamos por una depresión.
Es decir, no hace falta que nos sintamos presionados a aprender submarinismo o a saltar en paracaídas. Podemos volver a ese sofá y leer otro libro. Al fin y al cabo, no solo es importante crear nuevos recuerdos, sino también que nos apetezca recordarlos.
Aunque sea a costa de que el tiempo se nos pase volando.




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