El 'cuñadismo' es culpa de internet




Un estudio revela que el acceso constante a la información nos hace creer que sabemos más que nunca. Y no.

¿Quién no ha sentido alguna vez que dominaba el funcionamiento del sistema económico tras compartir un vídeo sobre la crisis en Facebook? ¿Quién no se ha creído un experto en justicia estadounidense tras ver un documental de Netflix? ¿Y quién no ha googleado el nombre de un autor en medio de una conversación para seguir el hilo? El acceso actual a la información es como una moneda con dos caras: la positiva se parece a la de Einstein; la negativa, a la de nuestro cuñado, al que es probable que cada vez nos parezcamos más.
Un estudio reciente de la Universidad de Yale asegura que creemos que somos más inteligentes cuando tenemos acceso a internet, ya que confundimos la información que encontramos en la red con nuestro propio conocimiento. Según esta investigación, esa arrogancia intelectual de pensar que se puede saber todo, sobre cualquier tema, en cualquier momento y lugar nos está conduciendo a una sociedad de sabelotodos ignorantes.
«Confundimos recordar un concepto con comprenderlo. Es el precio que debemos pagar por el acceso constante a la información», explica Jacob Burak, fundador de la revista Alaxon y autor de varios best sellers sobre Psicología. «Einstein sabía de lo que hablaba cuando decía que 'la información no es conocimiento'. Yo no tengo Facebook, Twitter o Instagram, porque buscar información ahí es una elección consciente. Cualquier herramienta que nos permita editar nuestras vidas nos aleja de la verdad de lo que realmente somos y de la posibilidad de llegar a ser humildes intelectuales».
Esta paradoja sobreinformativa se acentúa con otro fenómeno: la falta de análisis crítico con nuestras fuentes, tanto en los medios tradicionales como en las redes sociales. Lo cual provoca que, en muchas ocasiones, utilicemos internet para informarnos sólo con la información que queremos leer, evitando la que pueda contradecir nuestras opiniones.
«Eso se debe a que en internet es muy fácil interactuar sólo con las personas y con los medios que comparten nuestro mismo punto de vista», explica Steven Sloman, profesor de Psicología en la Universidad de Brown y coautor de La ilusión del conocimiento: por qué no podemos pensar solos. «Hemos descubierto que la mayoría utiliza internet sólo para validar su opinión en lugar de para analizar la información de forma objetiva, por lo que cada vez polarizan más sus juicios y sus opiniones políticas».
Sloman publicó un estudio que explicaba por qué la mayoría de la gente «no sabe diferenciar lo que realmente sabe de lo que lee en internet». Según él, esto se debe a que «la mayor parte de nuestro conocimiento no se almacena en nuestra cabeza, sino en las cabezas de los demás, en la llamada comunidad del conocimiento», y lamenta que internet haya «provocado que esta confusión no tenga límites».
En otras palabras: cuando discutimos sobre un tema y no sabemos argumentar nuestro punto de vista, nos basta con recordar el medio de comunicación o el líder de opinión que sí supo argumentarlo ante nosotros, reforzando así nuestra ilusión de conocimiento. No nos importa saber por qué pensamos una cosa sobre un tema, sino que nos basta con recordar que eso es lo que pensamos.
En uno de sus experimentos, Sloman se inventó un fenómeno meteorológico falso, llamado lluvia de helio, e hizo una encuesta sobre el tema. La mayoría respondió que no les sonaba de nada. Sin embargo, cuando Sloman les comentó que había científicos que estaban estudiando esta lluvia de helio, los encuestados mentían en su respuesta afirmando que conocían este fenómeno e, incluso, en algunos casos, lo entendían. «Es como si confundieran su comprensión con la comprensión de los científicos», concluye el psicólogo.
«Mientras disfrutamos de las bondades de la Red, ¿estamos sacrificando nuestra capacidad de leer y de pensar con profundidad?», se pregunta Nicholas Carr en Superficiales: ¿qué está haciendo internet con nuestras mentes? (Ed. Taurus), libro finalista del premio Pulitzer. Según esta publicación, «nos estamos haciendo más hábiles para manejar y ojear superficialmente la información, pero estamos perdiendo nuestra capacidad de concentración, contemplación y reflexión».
Esta nueva interacción social, creada por la tecnología, influye en la habilidad para mejorar el entendimiento. Se ha observado que las personas entienden mejor un tema después de explicárselo a alguien (o a sí mismos). Internet nos induce a este proceso más habitualmente, lo que retroalimenta (positiva o negativamente) la sensación de comprensión.
«Nicholas Carr tiene razón cuando dice que la información que se da en internet se está simplificando, en el peor sentido de la palabra, restándole arquitectura y complejidad», advierte Francisco García, catedrático de Ciencias de la Información en la Complutense. «Por encima de todo prima el espectáculo de la información. En las redes sociales se genera más opinión y valoración que otra cosa. Un ejemplo es Twitter, un afán de comunicación en 140 caracteres que no puede ir más allá de una mera proposición simple».
La pregunta ahora no es si las desventajas del acceso a la información podrán algún día superar sus beneficios, sino qué es lo que podemos hacer para solucionarlas. Empezando, por ejemplo, por comprender este texto.


Comentarios

Entradas populares