Cómo el miedo a la muerte nos hace mejores personas

Hasta los pequeños gestos cotidianos están condicionados por su presencia

 

Lo sabemos, tener la muerte demasiado presente en la vida puede resultar algo tétrico e incluso rebuscado, pero si le da un enfoque positivo puede aportarle un nuevo punto de vista que le haga más comprensivo, empático y pacifista. Así lo explican el psicólogo Matthew Gailliot y sus colegas en el Boletín de Society for Personality and Social Phycology.
En su estudio, comprobaron que estar físicamente cerca de un cementerio predispone favorablemente a la hora de ayudar a desconocidos. Los investigadores utilizaron actores que dejaban caer su cuaderno en la calle delante de los transeúntes. Se encontró que el número de personas que ayudó al desconocido con el cuaderno fue un 40% mayor en el cementerio que a una manzana de este. Quizás este resultado sea fruto del respeto que tenemos a la muerte, puesto que según Isabel de Luque, psicóloga especialista en Psicogeriatría y psicogerontología, “muchos de nuestros miedos profundos al final vienen del miedo a la muerte: el miedo al dolor, a la soledad o a la enfermedad”.
De hecho, es tan grande el condicionamiento ejercido por la muerte en nuestras vidas que abarca ámbitos de lo más variados. Según la Universidad de Harvard (EE UU), puede hasta motivar comportamientos sostenibles haciendo que reciclemos más. O incluso, que sea más tolerante, religiosamente hablando. Esto último lo demostró un estudio de la Universidad de Kansas que explica cómo una mayor conciencia de la muerte hizo que fundamentalistas religiosos estadounidenses e iraníes mostraran compasión hacia miembros de otros grupos.

Es evidente que cuando vemos un fallecimiento de cerca nos replanteamos la vida y casi siempre supone una conmoción. Los esquemas se rompen. Así lo explica M. Esther Paredes, coordinadora provincial de la sección de Intervención Psicológica en Situación de Crisis, Catástrofes y Emergencias del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental en Almería.
“El contacto con la muerte produce un shock en algunas personas. La comprensión súbita, experiencial, directa, de que nada es para siempre, de que el mundo que les rodea es finito y mutable, y también ellos, como organismos vivos. Y todo esto es en realidad bueno. Ese es el valor positivo que tienen estas experiencias, en la medida que a la persona que sobrevive, se le brinda la posibilidad de re-evaluar su vida, comprendiendo que esta es limitada en tiempo y en calidad, y que el mejor momento para tomar decisiones, en consecuencia, es ahora”.
Este punto de vista queda expuesto por la enfermera australiana de cuidados paliativos Bronnie Ware, que narra en su libro Los cinco mandamientos para tener una vida plena los arrepentimientos más comunes a la hora de morir, basado en su experiencia cercana a pacientes terminales. Estos se resumen en cinco puntos: no haber cumplido sus propios deseos, sino las expectativas de los demás, haber trabajado demasiado y haber dedicado poco tiempo a lo importante (sus familias), no haber expresado sus sentimientos, no haber tenido el valor de buscar a sus antiguos amigos y no haberse permitido ser felices.



Cinco cosas de las que nos arrepentimos antes de morir


1) Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera.
Este era el lamento más común de todos. Cuando las personas se dan cuenta que su vida está a punto de terminar, pueden mirar atrás con claridad y es fácil ver cuántos sueños no han sido realizados. La mayoría de la gente no había cumplido aún ni la mitad de sus sueños e iban a morir sabiendo que esto se debía a las elecciones que habían o no habían hecho durante su vida.
Es muy importante que trates de realizar al menos algunos de tus sueños durante la vida, ya que en el momento en que se pierde la salud, es demasiado tarde. La salud nos trae una libertad que muy pocos nos damos cuenta antes de perderla.
2) Ojalá no hubiera trabajado tanto
Cada paciente de sexo masculino que cuidé decía lo mismo. Se perdieron la juventud de sus hijos y la compañía de sus parejas. Las mujeres también se arrepentían de esto, pero como la mayoría eran de una generación anterior, muchas de las pacientes de sexo femenino no habían tenido que sostener la familia. Todos los hombres que cuidé lamentaban profundamente haber gastado su vida en torno al trabajo.
Al simplificar tu estilo de vida y tomar decisiones conscientes a lo largo de tu vida, es posible que no necesites los ingresos que crees que necesitas. Con la creación de más espacio para ti, estarás más feliz y más abierto a las nuevas oportunidades.
3) Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía.
Muchas personas no expresaban sus sentimientos con el fin de mantener la paz con los demás. Como resultado, nunca se convirtieron en lo que eran realmente capaces de llegar a ser. Hay muchas enfermedades que desarrollan sentimientos de amargura y de resentimiento.
No podemos controlar las reacciones de los demás. Sin embargo, aunque las personas pueden reaccionar diferente cuando nos expresamos honestamente, al final las relaciones llegan a un nivel más sano. O pasa eso, o nos damos cuenta que la relación a la que nos estamos enfrentando no es para nosotros, de cualquiera de las dos formas, salimos ganando.
4) Habría querido volver a tener contacto con mis amigos.
Muchas personas se dan cuenta del valor real de los amigos tan solo unas semanas antes de morir. Muchos de ellos se fueron quedando en el camino debido a la rutina que muchas veces aleja a las personas.
Muchos de ellos habían llegado a estar tan atrapados en sus propias vidas que habían abandonado grandes amistades con el paso de los años. La gente se lamentaba mucho de no haber dedicado el tiempo y el esfuerzo que se merecían sus amigos. Todo el mundo extraña a sus amigos cuando se están muriendo.
Es común dejar las amistades de lado para cualquier persona que lleva un estilo de vida ocupado. Pero cuando te enfrentas a tu muerte, los detalles físicos de la vida desaparecen. Si se puede, la gente quiere tener sus asuntos financieros en orden, pero no es el dinero o el status lo más importante para ellos. Estas personas quieren que esté todo ordenado, porque se preocupan del beneficio de aquellos que aman. Aunque por lo general, están demasiado enfermos y cansados de preocuparse de estos asuntos. Finalmente todo se reduce al amor y a las relaciones. Eso es todo lo que queda a la hora de la verdad: el amor y las relaciones.
5) Me hubiera gustado ser más feliz
Este es un arrepentimiento sorprendentemente común. Muchas personas no se dan cuenta hasta el final de que la felicidad es una opción. Han permanecido estancados en viejos patrones y hábitos. La llamada zona de confort se sobrepuso a sus vidas tanto física como emocionalmente. El miedo al cambio les hizo creer a ellos mismos (y a los demás) que eran felices, pero cada vez las risas y las tonterías tardaban más tiempo en aparecer en sus vidas.
Cuando uno está en su lecho de muerte, lo que otros piensan de ti es algo que uno deja de pensar. ¡Qué maravilloso es ser capaz de dejar ir las cosas y ser capaz de sonreír, mucho antes de saber que te estás muriendo!
La vida es una elección, la que estás viviendo es TÚ vida. Elige conscientemente, elige sabiamente y elige honestamente. Elije la felicidad.


Aceptar que no se es inmortal


La muerte, como señala Paredes, “puede generar dolor y miedo. Miedo al darte cuenta de que nada está realmente bajo tu control. Miedo al darte cuenta de que tu propia vida es finita, efímera, breve”. No obstante, ser consciente del proceso por el que pasamos ante un acontecimiento de pérdida puede ser de gran utilidad.
Además, la psiquiatra Elizabeth Kübler-Ross, indica que antes de irnos de este mundo pasaremos por cinco estadios: negación (esto no me puede estar pasando a mí), ira por ser consciente de la propia mortalidad, regateo (encontrar soluciones a toda costa que prolonguen tu vida), depresión (te resignas con tristeza aún sin aceptarlo) y aceptación en una actitud de entrega, favoreciendo el tránsito.
Estos estadios podrían corresponder a las reacciones que nos produce la idea de la muerte en las diferentes etapas de la vida: la negación en la infancia, ira en la adolescencia, regateo en la adultez, depresión en la vejez, y finalmente: aceptación. De esta teoría la psicóloga deduce que, “la muerte temprana interrumpe el proceso de maduración psicológica que nos permite aceptar la realidad de nuestra muerte. Quizá solamente completando nuestro ciclo vital tengamos la fortuna de poder aceptar nuestra propia mortalidad”, añade la psiquiatra.

Vivir día a día

¿Quién no ha oído hablar del aquí y el ahora? Aunque seamos realistas: no siempre es fácil vivir disfrutando el presente. Para mejorar en este aspecto la psicóloga Esther Paredes recomienda la meditación, el mindfulness y todo aquello que aumente la consciencia. Debido a que nos hace ver el mundo como es, y no a través de nuestras creencias y modelos. A lo que añade: “La muerte es parte de la vida. Todos los seres mueren. Todos los seres que has conocido y que conoces han de morir. Al morir, sus partículas se transforman en otras cosas. La fecha de su muerte es normalmente desconocida y no depende de nosotros. Algunos puede que mueran antes que usted. Es normal. Acepte la vida tal y como es y disfrútela”.



 

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