El cerebro humano es el mayor entre los primates gracias a la grasa corporal.

A diferencia de otros simios, que se mantienen delgados, la grasa almacenada costea un metabolismo más rápido. 



Nuestra especie tiene ciertas peculiaridades que resultan paradójicas desde el punto de vista evolutivo. Para empezar, nos reproducimos con mayor frecuencia y los recién nacidos humanos son más grandes que cualquier otra especie de primates actuales.
Por ejemplo, las especies que se reproducen más rápido de lo esperado para su masa corporal, tienen una esperanza de vida más corta, ya que la energía está dirigida reproducción más que a alargar la vida . Entre los primates, esta disyuntiva se ha ampliado para tener en cuenta la energía necesaria para mantener un cerebro grande.
Sin embargo, en nuestra especie, tenemos una esperanza de vida más larga y nuestro cerebro es mucho más grande que el de chimpacés, orangutanes o gorilas, nuestros parientes más próximos, A pesar de que esas ventajas son metabólicamente mucho más costosas.
Estudios previos sugerían que el mayor tamaño de nuestro cerebro se debía a los cuidados maternos que nuestra especie proporciona a su prole. Sin embargo, un nuevo trabajo difundido en Nature, que sus autores califican de pionero, sostiene que es una tasa metabólica más alta, comparada con el resto de los grandes simios, lo que nos ha permitido tener cerebros más grandes.
El estudio confirma la hipótesis de la que partían los investigadores: los humanos evolucionamos a un metabolismo más rápido y a un "presupuesto energético" mayor para poder tener cerebros más grandes, que consumen más calorías. En concreto, el cerebro humano consume el 20 por ciento de toda la energía del organismo. El metabolismo más alto también es compatible con el hecho de tener más descendencia y una vida más larga.
Ese "presupuesto energético" extra con el que cuenta nuestra especie, cabe atribuirlo a un mayor porcentaje de grasa corporal, que sirve como tanque de reserva para mantener un metabolismo más rápido. Los investigadores midieron el gasto total de energía en los seres humanos y los grandes simios. El gasto energético total incluye las calorías quemadas por el metabolismo del cuerpo en reposo, además de las calorías quemadas durante la actividad física.
Utilizaron la técnica del agua doblemente marcada, que permite marcar el agua corporal para obtener la diferencia en la tasa de desaparición de dos isótopos no radioactivos: el deuterio (2H) y el oxígeno (O18). Actualmente se considera el “patrón oro” para estimar el gasto energético diario mediante muestras de saliva, orina o sangre. Da un valor medio muy exacto y tiene la ventaja de ser una técnica simple, no invasiva y bien tolerada incluso para recién nacidos.
Mediante esta técnica los investigadores midieron el gasto energético total durante un periodo de siete a 10 días, mientras los simios y los humanos seguían su rutina normal. El estudio incluyó a 141 personas y 56 animales de zoológico: 27 chimpancés, 8 bonobos, 10 gorilas, y 11 orangutanes.
El estudio encontró que el porcentaje de grasa corporal es significativamente más alto en los humanos. Además hay una diferencia significativa entre los géneros, con un 22,9% de grasa corporal en los hombres, frente al el 41,7 % en las mujeres.
Además, haciendo un juste por tamaño corporal, nuestra especie consume 400 calorías más que los chimpancés y los bonobos, 635 calorías más que los gorilas y 820 calorías más que los orangutanes.
"Los seres humanos presentan una predisposición evolutiva para almacenar grasa mientras que otros homínidos se mantienen relativamente delgados, incluso en cautividad, donde los niveles de actividad son modestos", resaltan los investigadores.
El aumento de la tasa metabólica, junto con los cambios en la distribución de la energía, fue crucial en el incremento del tamaño del cerebro humano y en su excepcional trayectoria evolutiva. Los seres humanos se distinguen de los otros simios vivos por tener cerebros más grandes y una vida inusual, que combina un alto rendimiento reproductivo con una infancia prolongada y una excepcional longevidad.
Los investigadores argumentan que "desentrañar las presiones evolutivas y los mecanismos fisiológicos que determinan la diversidad de estrategias metabólicas entre los homínidos vivos (humanos, chimpancés y bonobos, gorilas y orangutanes) puede ayudar a promover y mejorar la salud metabólica de los seres humanos en las poblaciones industrializadas y de los simios en cautiverio".
Aunque los investigadores lo venden como un punto fuerte, el hecho de que las mediciones del metabolismo se hayan hecho en gorilas, chimpacés y orangutanes en cautividad, podría ser una objeción a este estudio.

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