La inteligencia artificial, parte VI "Debemos proteger los atributos humanos, como los errores, los misterios y las ineficiencias"

Gerd Leonhard se dedicaba a la música. Hasta que ésta, como los libros y el cine, entre otras muchas cosas, se convirtió en algo diferente tras la irrupción de internet. Escribió en 2005 un libro sobre el futuro de la música y, desde entonces, analiza, como conferenciante, lo que la tecnología hace con nosotros, tesis que cristalizan en su reciente ensayo Tecnología versus humanidad, el choque entre el hombre y la máquina.
P -¿A qué riesgos nos enfrentamos como seres humanos frente a la inteligencia artificial? ¿Cuál es la batalla? 

R -Hay que distinguir primero entre asistentes inteligentes e inteligencia artificial. En este momento, la mayoría de las aplicaciones que calificamos de inteligencia artificial son sólo asistentes inteligentes que aumentan y sirven a los humanos, como Google Maps, Google Lens, Alexa... Puede que tengan un lenguaje avanzado y capacidad para el reconocimiento de imágenes, basados en aprendizajes profundos, pero claramente no son inteligentes. El coche autónomo tiene una inteligencia bastante menor, pero es poderoso en sus dominios, aunque no pueda comprender a un niño de dos años o jugar al ajedrez.

Cuando las máquinas tengan añadidas otras piezas inteligentes y se expandan, cuando sean socialmente inteligentes, entiendan las emociones y se conecten unas con otras, entonces, rápidamente serán infinitamente inteligentes, lo que supone un riesgo para los seres humanos. La inteligencia artificial es asombrosa y bastante disruptiva ya, sobre todo en el entorno laboral, pero a medida que nos acerquemos a la inteligencia artificial general (IAG), mayor necesidad tendremos de guías éticas y de seguridad, y de regulaciones similares a los tratados de proliferación nuclear.
 
P -¿Cuáles son los límites que el género humano no debería traspasar?
 
R -Debemos mantener a los humanos siempre en control de la situación, entender qué están haciendo las máquinas y controlarlas. No debería tentarnos la posibilidad de ser superhombres instalando tecnología en nosotros, al menos no más allá de ciertos límites, como las gafas de realidad virtual. También debemos proteger los atributos humanos, como los errores, los misterios y las ineficiencias; que no corran el riesgo de verse suprimidos por la tecnología. Se está llegando a los límites cuando es complicado seguir siendo humano, como ha pasado con Facebook, que ya se usa para la manipulación maledicente.
 
P -Y las máquinas, ¿deberían adaptarse a los humanos?
 
R -Esto es un asunto ético y una decisión política, no una cuestión tecnológica. Necesitamos definir qué queremos ser y no qué podemos ser. Los beneficios de la inteligencia artificial son muchos: resolver problemas energéticos, de desalinización del agua, alimentarios... La inteligencia artificial hace que todo sea más rápido, más eficiente y más fácil para los humanos pero, en compensación, las consecuencias o efectos colaterales aumentan.
 
P -¿Cómo sobrevivirá entonces el ser humano?
 
R -Sólo si nos ponemos de acuerdo acerca de cómo usar la tecnología para el bien común, y no únicamente para obtener beneficios y crecimiento. La inteligencia artificial, la manipulación del genoma, la nanotecnología y la ingeniería climática son las cuatro áreas de preocupación en las que puede darse una carrera armamentística que podría derivar en una situación insalvable. Es fundamental la colaboración global en todos estos asuntos tecnológicos que avanzan de manera exponencial.
 
P -Entonces, éste es el mayor desafío de la Historia.
 
R -Sí, éste es el mayor reto al que se ha enfrentado la humanidad hasta ahora, la posibilidad de convertirse en un superhombre, casi un dios, no tiene precedentes. Es verdad que a veces reaccionamos de manera exagerada a los peligros potenciales. No podemos entrar en el futuro desde el miedo. Debemos ser cautelosos pero abiertos al progreso. Cualquier tecnología poderosa precisa de regulación para hacerla beneficiosa para todo el mundo y, por el momento, ni la inteligencia artificial ni el big data tienen ninguna regulación. Es el momento de ponernos de acuerdo sobre de qué y cómo debemos protegernos. Tecnología no es lo que buscamos sino cómo buscamos. Si queremos un mejor futuro, democrático y beneficioso, debemos colaborar más entre todos, porque la tecnología no es creadora. No hay apps para conseguir democracia.
 
 
 

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