Inteligencia Artificial Parte II Seis nombres en la historia de la IA

Seis nombres en la historia de la IA
       
-1ºAlan Turing -2º Herbert Simon y Allen Newell -3º John McCarthy  -4ºMarvin Minsky  -5ºDeep Blue  -6º Alpha Zero

Lo que seguro que no podían imaginar estos pioneros hace 60 años era que cualquiera podría tener en el bolsillo un aparato con bastante más capacidad que las superherramientas de sus laboratorios. Aquel dato tan repetido de que la capacidad de cualquiera de nuestros teléfonos móviles es superlativa si se compara al ordenador que llevó a los astronautas del Apolo 11 a pisar el suelo lunar.
El salto de la IA en los últimos años se está dando gracias al usuario y a las empresas tecnológicas que gobiernan el gran negocio. Álvaro Gonzalo y Álvaro Mata, ambos de la empresa española Commons, uno físico y otro economista, aseguran que es el mercado el que ha ayudado en la evolución de estos sistemas. "Ahora las líneas son mucho más prácticas que en los orígenes y los objetivos más cortoplacistas, por lo que el impacto en la calle es mucho mayor y las tecnología más accesibles. Hoy es asequible que cualquier persona coja una parte específica de la IA y la aplique a un negocio concreto". Ellos se han especializado en bots (programas informáticos que permiten interactuar de una manera similar a la humana), lo que les ha servido para probar y valorar proyectos más ambiciosos que incluyan la voz.


¿Quién posee el conocimiento?

La superpotencia mundial de la IA sigue siendo EEUU, por el gran empuje de las grandes tecnológicas, aunque China se ha propuesto convertirse en la competencia. Pekín apuesta con importantes inversiones por el desarrollo de la IA y está fichando a muchos expertos que desarrollaban su trabajo en tierras americanas. En Europa destaca Reino Unido, aunque sus empresas las están comprando las grandes corporaciones de EEUU. Francia ha anunciado recientemente una inversión pública de 1.500 millones de euros en los próximos años en un plan que ha llamado IA para la Humanidad. El presidente francés, Emmanuel Macron, presentó la idea asegurando que este área supone una revolución económica, social, ética y política que "no se producirá en 30 años", sino que "se está produciendo ya".


Nuria Oliver, que trabaja para una tecnológica,  explica que las grandes empresas están contratando a los mejores expertos, muchos de los cuales abandonan sus clases y sus equipos de investigación de las universidades. "Hay un gran éxodo, no sólo por los atractivos salarios, sino también por la posibilidad de acceder a cantidades ingentes de datos, que son escasos en el contexto académico. Una de las preocupaciones es quién va a formar a las siguientes generaciones de expertos y expertas en este campo. Además, no es bueno para ningún campo de conocimiento que su progreso esté siendo desarrollado exclusivamente en un contexto industrial de empresas privadas, porque obviamente no son ONG".


Una realidad a la que José Luis Pons, responsable del grupo de neuro-rehabilitación del Instituto Cajal, dependiente del CSIC, y por tanto investigador público, ve aspectos positivos: "Uno de los motivos del boom actual de la IA y la robótica es que hayan entrado empresas muy potentes, como Amazon, Google o Microsoft; al final lo que estamos viendo es una colaboración público-privada". "Está claro que estas empresas invierten para generar negocio, pero si no hubieran dado ese paso, el desarrollo hubiese sido mucho más lento. Esto ha sido un revulsivo que ha hecho que más grupos se metan a trabajar en estos temas y que se apueste por nuevas aplicaciones".

Pons recuerda que cuando hace más de 15 años en su grupo tuvieron que decidirse por una especialización, no dudaron ni un segundo en dedicarse a la salud y a la rehabilitación. Su objetivo es llegar a tener dispositivos que ayuden a las personas con daños neurológicos, como lesiones medulares, tetraplejias o Parkinson, de la misma forma que los marcapasos controlan el corazón de los enfermos coronarios. "El problema es mucho más complejo, porque el dispositivo tiene que entender qué es lo que quiere hacer la persona, si quiere rascarse o agarrar una botella. Sería un implante que podrá percibir qué está pasando con el paciente, lo interprete y reaccione para asistirle. Es muy complejo y creo que me jubilaré antes de conseguirlo", reconoce.
"Hay tecnologías sorprendentes desde el punto de vista de clasificación de patrones, de solución de textos, de identificación de habla", continúa este físico, "pero todavía no me sorprende ningún comportamiento que sea fruto de la IA por especialmente inteligente. No, no creo que vayamos a ver ni replicantes al estilo Blade Runner ni a Terminator".

MIGUEL G. CORRAL

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