Ese olor me resulta conocido

¿Por qué ciertos olores te llevan directamente al pasado?
La nariz puede captar miles de señales químicas diferentes, lo que nos permite detectar millones de olores diferentes. Algunos de esos olores desencadenan poderosos recuerdos, y todo se debe al cableado de nuestros cerebros. Las señales entrantes de la nariz llegan a los bulbos olfativos antes de viajar a la corteza piriforme. Esta parte del cerebro actúa como una puerta de entrada, haciendo conexiones con otras regiones del cerebro. Está la corteza orbitofrontal, involucrada en la toma de decisiones; la amígdala, el centro emocional del cerebro; el hipotálamo, que une los sistemas nervioso y hormonal; la ínsula, involucrada en la conciencia; la corteza entorrinal, involucrada en la memoria y la navegación; y el hipocampo, el maestro del almacenamiento de memoria a largo plazo. Estas conexiones nos ayudan a aprender de dónde vienen los olores y qué significan. Entonces, si encontramos el mismo olor de nuevo, sabremos instantáneamente cómo responder. Por ejemplo, el centro de detección de amenazas del cerebro, la amígdala, se ilumina cuando olemos algo desagradable.
Los olores también pueden desencadenar recuerdos olvidados durante un largo periodo de tiempo, con frecuencia se recuerdan con muchos detalles, vívidos y emocionales. Éstos se remontan a la primera infancia, y los estudios en ratas sugieren que se forman durante el desarrollo temprano. Los recuerdos fuertes ligados a los olores pueden ayudar a los animales a sobrevivir antes de que sus otros sentidos estén completamente desarrollados - a medida que sus ojos y oídos mejoran, la necesidad de recordar los olores se vuelve menos importante. Sentir los mismos olores de nuevo en la edad adulta puede traer recuerdos olvidados.

Fortalecimiento de la memoria
El vínculo entre el olfato y la memoria ha hecho que los científicos se pregunten si podemos usar los olores para mejorar nuestra capacidad de recordar. Investigadores de la Universidad de Northumbria realizaron estudios para averiguar qué le sucede a nuestros cerebros cuando percibimos olores potentes. En un estudio, pidieron a 180 voluntarios que bebieran té de manzanilla, té de menta o agua caliente. Luego probaron su estado de ánimo y función cerebral. En comparación con el agua, el té de manzanilla hizo que los voluntarios estuvieran menos atentos, mientras que el té de menta mejoró su estado de alerta. En un estudio separado, 150 voluntarios entraron en habitaciones que olían a romero, lavanda o nada, y se les pidió que completaran una tarea en un momento determinado. El romero mejoró la memoria, pero la lavanda la empeoró, aunque los voluntarios se sintieron más tranquilos.

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